sábado, 24 de setembro de 2022

 

MÓDULO 2:  EL LARGO CAMINO HACIA LA IGUALDAD

    Por mi propia formación académica (en Filología Hispánica), así como por uno de mis gustos y aficiones (la literatura), quiero dedicar este tercer reto del curso "Fundamentos de la Igualdad entre Mujeres y Hombres" a la escritora grancanaria, NATALIA SOSA AYALA (Las Palmas de Gran Canaria 1938-2000) Figura que, personalmente, también he descubierto hace muy poco tiempo, pero que me está dejando huella.

    Hasta el año 2021, año en el que se le dedicó el DÍA DE LAS LETRAS CANARIAS (21 de febrero) por parte del Gobierno de Canarias y de otras instituciones públicas del Archipiélago, su figura y su obra estaban prácticamente olvidadas. Ambas -personaje y obra- son triplemente interesantes y reivindicables por los siguientes motivos:

    1. Por su condición de mujer. Mujer culta, preparada (su padre había sido también un escritor relativamente conocido en el mundillo cultural grancanario), con ambiciones culturales y personales; pero siempre sometida al escrutinio social por las décadas que le tocó vivir, en la que no se veía con buenos ojos, en general, a una mujer formada, más allá de "sus labores".

    2. Por haber crecido -y desarrollado, desde el punto de vista literario- durante el Franquismo, con lo que eso suponía -todos lo sabemos- para una mujer en una isla remota, entonces, del Atlántico: crítica destructiva constante, escasa difusión de su obra, menosprecio del propio mundo literario y cultural, dominado por hombres.

        3. Por su condición de lesbiana. Condición, como es de suponer por los condicionantes sociológicos de la dictadura, no pregonada -como podemos hacer hoy-, ni vivida abierta y libremente; pero sí como uno de los recursos temáticos en sus libros de poesía y artículos periodísticos.

    En 1954, se decreta la LEY DE VAGOS Y MALEANTES, que incluía una represión explícita de la condición homosexual. Con este precedente social, el discurso poético de Natalia Sosa Ayala -cuya juventud coincide, precisamente, con esas décadas de la dictadura- aparece como afirmación de su cuerpo y de su condición sexual -dificilmente auto-aceptados al comienzo-, pero con la intención paulatina de interiorizar y de afirmar esa creación poética propia, por una parte y de mujer y lesbiana, por otra, al margen de los convencionalismos sociales asfixiantes. Escribirá en primera persona; pero su lenguaje será sutil, cifrado, casi, donde da rienda suelta a sus deseos hacia otra mujer -"amor prohibido"-. Con los años, su poesía evoluciona desde la negación hasta la aceptación; pasando por etapas intermedias como la invisibilidad, la opresión o la búsqueda y deseo.

    Veamos un ejemplo clarificador de sus composiciones poéticas. Del libro: Muchacha sin nombre y otros poemas, de 1980:

Muchacha sin nombre

No me llamo Natalia.Jamás nací.                                                                                        

O si nací fue muerta.

El sol extendía sus primeros rayos

por una madrugada fatídica de marzo.

Mas no era yo la que su luz bebía.

Yo no existí jamás.

A lo sumo fui venas, manos, sangre,

un corazón pequeño y precintado

pero no fui jamás destinada a ser alguien.

Mi nombre, yo, Natalia,

estará inscrito en un papel cualquiera,

en labios que no saben lo que hablan,

en tardes remotísimas y ausentes,

acaso,

en el tiernísimo corazón de alguien.

Mas yo, yo no soy yo.

No soy Natalia.


                         

Fuente consultada: https://www.academiacanarialengua.org/archipielago/natalia-sosa-ayala/textos/#start 



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